La primera sorpresa al sentarse a hablar con Pablo Pineda es ver la seguridad y el aplomo con que se expresa. Tiene en su forma de hablar gestos de erudito en plena disertación, adquiridos probablemente tras años de pronunciar conferencias a diestro y siniestro. Pablo se recuesta sobre el sofá azul de su casa en Málaga, donde vive con sus padres, habla y mira al cielo. Apoya su antebrazo sobre la cabeza y expresa sus convicciones, gustándose. La segunda sorpresa es su sentido del humor, lo rápido que es. "Menos mal que todavía no me he puesto a mirar en Internet la lista de actores que se han llevado la Concha de Plata, imagínate ¡ver mi nombre en esa lista, mejor que no lo vea!", bromea.
